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viernes, diciembre 2, 2022

Ante una multitud, los Fundamentalistas revivieron la «misa ricotera» en Huracán

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Con soberbias versiones de temas del Indio Solari de todos los tiempos, LFAA hizo vibrar a un masivo público de todas las edades, que transitó de la euforia total a la más profunda emotividad, donde no faltó la nostalgia.

En la previa, el barrio del sur de CABA se vio poblado por grupos de jóvenes -y no tanto- en plazas y esquinas, y no faltaron los puestos de comida e indumentaria ricotera que suelen decorar los alrededores del ritual.

Ya en el estadio, a la espera de la aparición de los protagonistas, el público se entretuvo con cantitos futboleros alusivos al Mundial y recordatorios de Los Redondos. También se escucharon algunos focos que entonaban versos que pedían que Cristina Fernández de Kirchner sea candidata presidencial e insultos generalizados a Mauricio Macri.

Pero cuando alrededor de las 21.30 la voz en off del Indio presentó a Los Fundamentalistas, la celebración tomó al fin forma musical en una endiablada arremetida inicial con “Rock para el Negro Atila”, “Mi perro dinamita”, “Unos pocos peligros sensatos” y “Un ángel para tu soledad”.

“Es la primera vez en Capital. Hagamos un ruido muy fuerte que le llegue al Indio”, dijo Gaspar a modo de saludo, antes de iniciar el primer tramo de canciones solistas del Indio con “Tomasito, ¿puedes oírme?”, “Martinis y tafiroles” y “Ramas desnudas”.

El ricotero “Yo, caníbal” trajo por primera vez al Indio vía pantalla, y la efervescencia siguió con “Motorpsico”, “Superlógico” y “Yo no me caí del cielo”.

Así se fueron sucediendo pequeños bloques de composiciones de Los Redondos y otros de la etapa solista. En el primero de los casos, el grueso del bloque total mostró una fuerte presencia de canciones de “Lobo suelto, cordero atado” – ¿un guiño al paso de Lo Redondos por ese mismo escenario?-; y, por otro lado, una cantidad importante de composiciones de sus dos primeros discos –“Gulp” y “Oktubre”-, con sorpresas como “Divina TV Fuhrer”, por ejemplo, e incunables como “Mi genio amor”.

El máximo líder volvería en “Nuestro amo juega al esclavo”, “Encuentro con un ángel amateur” y “Flight 956”; en tanto, un cuarteto de cuerdas sumó a la paleta sonora en “Espejismo” y en “El tesoro de los inocentes”.

Lo mismo ocurrió en las versiones de “Todo un palo” a la que se le incorporó un clarinete, o a “Héroe del whisky” con un interesante aporte del piano sobre el final.

El recuerdo a Martín Carrizo lo explicitó Nalé antes de interpretar “Preso en mi ciudad”, otra de las grandes ovaciones de la noche, al igual que “Nadie va a escuchar tu remera”, “El pibe de los astilleros”, “Todo preso es político” y “Juguetes perdidos”.

Poco después de que Benegas anunciara que el parate del grupo era para grabar y que había planes de regresar el año que viene, llegó el cierre con “Mariposa Pontiac/Rock del país” y, obviamente, “Ji Ji Ji” como gran broche de oro.

Una nueva misa ricotera se había consumado y el gran responsable de esta fe, que varias canciones antes desde la pantalla había entonado “cuando el fuego crezca quiero estar allí”, podía darse por seguro que estuvo presente mientras las “llamas enteras invadían cuerpos”.

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