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domingo, agosto 7, 2022

Joe Biden visita Medio Oriente, en búsqueda de acuerdos para «levantar» las acciones de Estados Unidos en esta región

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Compartimos el análisis del director del Núcleo de Estudios de Medio Oriente, Said Chaya, quién además es profesor en profesor de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Austral:

Luego de una visita de dos días a Israel, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se dirige ahora a Arabia Saudita, el destino más polémico de su gira por Medio Oriente. Tras un encuentro con las autoridades del oficialismo y la oposición israelí, donde confirmó el vínculo de amistad que une a ambas naciones, visitó en Belén al anciano Mahmoud Abbas, el presidente palestino, con quien sostuvo una reunión fría y protocolar. La discusión sobre el futuro Estado Palestino y el involucramiento de Estados Unidos en nuevas rondas de negociación en el mediano plazo quedaron descartadas de plano.

Las acciones de los Estados Unidos están en baja en Medio Oriente. En los últimos años, Washington retiró sus tropas de Afganistán, Irak y Siria. Delegó en Egipto y Qatar las negociaciones clave de los recientes choques entre palestinos e israelíes en Jerusalén y Gaza. El presidente Joe Biden, en campaña, se dio el lujo de criticar ante los medios de comunicación al gobierno de Arabia Saudita -uno de sus principales aliados regionales- en relación al crimen del periodista disidente Jamal Khashoggi. Además, el año pasado anunció el final de la cooperación estadounidense-saudita en la cuestión yemení. En los hechos, esta visita rehabilita a las autoridades que él mismo condenó, especialmente al príncipe heredero del Reino, Muhammad bin Salman. Estados Unidos exhibe de manera explícita su necesidad de contar con Arabia Saudita para su estrategia regional, mostrando su disposición a aceptar una nueva relación en la que entiende que su aliado no está allí únicamente para obedecer.¿Cuál era la estrategia de Biden para la región? Cualquiera que haya sido, Vladimir Putin le cambió los tantos.

Rusia se ha mostrado diplomáticamente activa, logrando que ni Arabia Saudita ni los otros países del Golfo Pérsico condenen su aventura en Ucrania. En Arabia Saudita incluso rechazaron la posibilidad de aumentar la producción de petróleo para contener los precios. Los Emiratos Árabes se negaron a votar contra Moscú en el Consejo de Seguridad, ante el desinterés de Washington por el asunto yemení. Además, con la excusa de revisar los progresos en Siria, Vladimir Putin viajará la semana próxima a Teherán, donde también estará presente el presidente turco, Recep Erdogan. El tema ucraniano será excluyente. Esta visita oficial corona la gira que su canciller, Sergey Lavrov, realizó en mayo, donde visitó Argelia, Arabia Saudita y Omán y dialogó con los dirigentes de la OPEP y el Consejo de Cooperación del Golfo.

Mustafa El-Kadhimi, primer ministro de Irak, se ha mostrado muy activo en la preparación de la visita de Joe Biden. Bagdad auspició las cumbres entre Arabia Saudita e Irán el verano pasado y luego en abril, y El-Kadhimi en persona visitó ambas capitales buscando principios de acuerdo entre los principales actores de la región la semana pasada. Un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán implicaría un control sobre la producción nuclear iraní y el fin de las sanciones económicas que pesan sobre ese país, que se encuentra en una situación económica y social muy crítica. Sin embargo, Estados Unidos no encararía la posibilidad de un acuerdo sin la venia de Riad. Para Irak -jamón del medio entre Irán y Arabia Saudita- ese acuerdo traería cierta estabilidad, especialmente entre los numerosos chiítas iraquíes, divididos entre los partidarios de Teherán y aquellos que quieren propiciar un diálogo con la monarquía saudita.

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